Tengo en las uñas sangre, mamá.

Sangre de las mujeres que sí blasfeman
y gimen por placer,
que escupen en el suelo del paritorio
y en el santo sudario
de algún dios hecho, cómo no,
en cuerpo de hombre
y en lo que una mujer a día de hoy
aún debe escuchar que es,
porque una mujer no es violada
en España cada ocho horas, mamá
una mujer no es maltratada,
no aparece desnuda en carreteras
no ha limpiado con su vida
el suelo de las que vendrán

Pero debes saber.

debes saber, mamá
que si hoy una mujer,
si hoy
grita a la tierra
ésta también sangra

y tiembla la carne del mundo.

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Mi amor

se

balancea

con

su

sombra

 

y sonríe.

 

Huye de la que fue

como se apaga un grito

-Con esa manía suya

de caminar abrazada al viento-

Si alguna vez me duermo

deja caer la noche

como una niña deja caer su máscara

y ama el miedo de mi mirada,

que es amor de ceniza en los ojos.

Si alguna vez me duermo

no digas a nadie que mi voz ha muerto

o que todos los gestos del silencio

tienen la forma de mi caída

solo pon un cuchillo

en los labios de mi nombre

y dime con qué mano

se apacigua al olvido.

Arrójame al suelo

Tírame flores

Derrama tu sangre en mi sangre

y mézclala con vino

 

Tómame

 

Derriba en mi carne los falsos mitos

los grandes dioses

la eterna espera

 

Sacrifícame

 

Precipítate en mi

ponme desnuda debajo de tu lengua

culmina en mí

y deja que inconstante

vital

y desesperada

 

me disuelva

 

 

 

(PDescosida)

Evohé

Quiero correr salvaje.

Yo soy la niña

que se pinta la cara de guerrera

la que mira fijamente

la que besa los mordiscos en la carne

y se llena las manos de tierra,

las que irán a cerrarte los ojos.

 

Quiero correr salvaje hacia ti

 

No quiero volar

quiero el impulso correcto

para salir despedida

y aullar de placer

en el cielo de los locos

y los audaces

 

No fingir, no mentir

taparme la boca al beso

ir a morderte los labios

 

Quiero correr salvaje hasta ti

 

Y que esta provocación no violenta

tenga un morbo envidiable

 

(Descosida)

Te espero

Te espero en las despedidas,

que saben a trenes de última hora

y en la sonrisa que le pones

a todos tus motivos

Te espero

en las noches afónicas

y de imposible,

como lo es el beso improbable

de todas aquellas que te miran de reojo.

 

Te espero en la caída,

dejando volar las dudas

en los espacios en blanco

y en los silencios

en el tic-tac del reloj y las prisas

en los semáforos en rojo

y en los puntos suspensivos

en las risas de madrugada

y en la verdad oculta

en cada trago de cerveza.

 

Te espero,

pero sobretodo

para que entiendas

que nunca más volverá a ser diciembre

y que estás a un parpadeo

de volcarme el horizonte

cuando vienes y me dices

que todo es según se mire

y yo empiezo a vendarme los ojos

porque si es verdad aquello que decías

de que los rasguños cicatrizan

hoy quiero que sepas

que aún hay marcas en la piel

que no esconde el maquillaje.

(Descosida)