Casino

Ellos dicen que valgo mas que esto
pero yo solo veo jugadores ebrios
asaltando luces de pantalla en pupilas titilantes
y chinos que aprietan su ganancia contra el vaso
manosean excitados el botón de apuesta a puntos:
cobrar
Cobrar
Cobrar.

Dinero a banco.

Se corre en un letrero
la cantidad de fichas que señala el premio oro
once mil trescientos sesenta, once mil trescientos cincuenta y nueve…

El bálsamo del dinero es denso
y aquí no hay forma de limpiarse las manos

 

(PDescosida)

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Tan solo en tierras claras

deseo verte.

 

Así el peso detenido del tiempo

silencioso

desvelará la forma

en que un navío extraviado

ha rechazado a las sirenas

y después otra tierra

que no quiere saber de nadie

me vence

y pido fuego susurrando guerra

que no es más

que barro de hombre

y el sueño sin tregua

del que tiembla

desnudo

abriéndose a sus pesadillas.

No entendiste

que siempre regresan los muertos

y hoy

vuelven a morir en mi

como lo han hecho

cada día

desde siempre

 

 

noche

tras noche

tras noche.

 

(PDescosida)

Ahí estás

escrita en un muro

Indeleble, inmortal

apaciguada

esperando a alguien

que no le exige nada al silencio

 

Por eso existes, tal vez nunca

para deshacerte de la urgencia

de la carne caliente

que rompe la caída del cuchillo

y luego

 

Desapareces

 

 

Con la tierra

entre las uñas

 

(Descosida)

 

Tengo en las uñas sangre, mamá.

Sangre de las mujeres que sí blasfeman
y gimen por placer,
que escupen en el suelo del paritorio
y en el santo sudario
de algún dios hecho, cómo no,
en cuerpo de hombre
y en lo que una mujer a día de hoy
aún debe escuchar que es,
porque una mujer no es violada
en España cada ocho horas, mamá
una mujer no es maltratada,
no aparece desnuda en carreteras
no ha limpiado con su vida
el suelo de las que vendrán

Pero debes saber.

debes saber, mamá
que si hoy una mujer,
si hoy
grita a la tierra
ésta también sangra

y tiembla la carne del mundo.

Si alguna vez me duermo

deja caer la noche

como una niña deja caer su máscara

y ama el miedo de mi mirada,

que es amor de ceniza en los ojos.

Si alguna vez me duermo

no digas a nadie que mi voz ha muerto

o que todos los gestos del silencio

tienen la forma de mi caída

solo pon un cuchillo

en los labios de mi nombre

y dime con qué mano

se apacigua al olvido.