La Devastada

Escupo en la cara de La Devastada

 

Me río de ella

A veces intento tirar con fuerza de su cabello

Retorcerle la piel del brazo

Pellizcar sus mejillas

 

De nada sirve

 

Otras quisiera cortar de un tajo la pequeña raíz de su juventud

masticar el líquido derramado en las comisuras blandas, tan blandas como el tedio

 

Odio la piel de La Devastada

 

su ropa de tela fina

esa mueca de verdad pálida, inamovible, cansada cuando sonríe

No me gusta ese gesto en su cara

Es agobiante

Me consume la cadencia de sus pasos lentos por el pasillo

la mano sin gracia apoyada en el pecho

la pulcritud de un corazón que a todo teme pues no amaina un latir en el No

Pobre ingenua

No me gusta La Devastada porque ella me conoce y conoce mi nombre

Sabe cuál es el verdadero blanco de mis ojos

el exacto tono que debe haber en el rojo de mi sangre

en las venas de mi muñeca

Entiende bien mis estados de ánimo y tal vez por ello

los ignora

Nadie sabe mejor que ella cuánto la detesto

 

Porque yo soy La Devastada

 

Y yo me odio, me arrastro y me pellizco y no quiero verme

Y si alguno mira

Yo me escupo y me desnudo y me afrento

Y no me amo

Tampoco importa

Porque yo soy La Devastada

No vengo a pedirme perdón

 

 

 

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La claridad del desierto

esconde un invierno en cada ventana

pero, ¿en cuál de todas está

la verdadera edad de las flores?

 

Tirano y violento

tu cuerpo ahora se levanta inofensivo

y por cada grieta que se estrecha en

este cuarto, sin saberlo, se evapora

 

La claridad del desierto

esconde un invierno en cada ventana

crea un círculo rojo

aquel que empuja una rosa al agua

y sin embargo, no existe ese gesto

ni el corte

 

La ausencia no tiene testigos

la ausencia no sabe que es hoy

la verdadera edad de las flores

 

Estás lejos

 

 

en la tarde

en el mundo.

 

 

Como el viento concede su poder

al vuelo de la hoja

 

allí reposas

 

extraña y vieja

ráfaga desnuda.

 

Demasiado alerta.

 

Demasiado fría.

 

 

Tú misma

temblando

y sostenida por tu peso

que nunca reza de rodillas.

 

 

Tan frágil.

 

 

Y sin embargo

 

 

 

has llegado a romper la noche

 

 

 

con el hilo de una aguja.

 

Casino

Ellos dicen que valgo mas que esto
pero yo solo veo jugadores ebrios
asaltando luces de pantalla en pupilas titilantes
y chinos que aprietan su ganancia contra el vaso
manosean excitados el botón de apuesta a puntos:
cobrar
Cobrar
Cobrar.

Dinero a banco.

Se corre en un letrero
la cantidad de fichas que señala el premio oro
once mil trescientos sesenta, once mil trescientos cincuenta y nueve…

El bálsamo del dinero es denso
y aquí no hay forma de limpiarse las manos

 

(PDescosida)

Tan solo en tierras claras

deseo verte.

 

Así el peso detenido del tiempo

silencioso

desvelará la forma

en que un navío extraviado

ha rechazado a las sirenas

y después otra tierra

que no quiere saber de nadie

me vence

y pido fuego susurrando guerra

que no es más

que barro de hombre

y el sueño sin tregua

del que tiembla

desnudo

abriéndose a sus pesadillas.

No entendiste

que siempre regresan los muertos

y hoy

vuelven a morir en mi

como lo han hecho

cada día

desde siempre

 

 

noche

tras noche

tras noche.

 

(PDescosida)

Ahí estás

escrita en un muro

Indeleble, inmortal

apaciguada

esperando a alguien

que no le exige nada al silencio

 

Por eso existes, tal vez nunca

para deshacerte de la urgencia

de la carne caliente

que rompe la caída del cuchillo

y luego

 

Desapareces

 

 

Con la tierra

entre las uñas

 

(Descosida)